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Para qué elegimos a nuestros padres

Estoy segura que esto puede parecerte raro. ¿Cómo es eso de que elegimos a nuestros padres? (puede ser que te estés preguntando). Cuando vayas leyendo seguro vas a ir encontrando conexiones que van a ayudarte a comprender esto que te cuento.

Nos dieron a elegir

Cuando un alma está por encarnar tiene un aprendizaje de vida. Yo siempre digo en mis consultas que tenemos un aprendizaje como eje principal, casi que es como nuestra columna vertebral. Es ese tema que repetís en tu vida una y otra vez, el más grueso. Tu sentido de encarnar era aprender eso que aún no sabés hacer.

Claro que también vas a ir aprendiendo otros temas que diría son mas pequeños, aunque no menos importantes. Y para poder aprender eso, vas a necesitar maestros. Cuando uno va a la escuela y necesita aprender a leer necesita un maestro que sepa enseñarlo. En la vida es casi igual.

Entonces cómo tenías que aprender ese tema crucial para tu evolución te dieron a elegir quienes querías que te lo enseñaran. Y vos elegiste a estos padres, entre otros que te ofrecieron. Es como si hubieses mirado para abajo y hubieses dicho: “Voy con aquellos”. Recordá que viniste por un aprendizaje, no a elegir los padres más lindos y buenos del mundo (que ojalá te hayan tocado).

Los maestros, los padres

Esa lección que venías a aprender te la van a enseñar esos padres que te tocaron. Pero te la van a enseñar al revés. Es decir, vas a vivir todo lo contrario de lo que viniste a aprender y lo vas a vivir infinidad de veces en tu infancia. Luego, lo vas a repetir otra infinidad de veces en tu adolescencia. Y ni hablar de la adultez. Hasta que un día te sientas harto de vivir siempre lo mismo y decidas hacer algo con eso, decidas tu cambio.

¿Entonces… que me enseñaron mis padres si al final me dieron todo lo contrario de lo que tengo que aprender? Claro… porque se trata de que lo aprendas por tus propios medios, con intención, con decisión y con acción. No son temáticas sencillas, son como esas materias que desaprobaste siempre.

Voy a darte un ejemplo. Si tu lección de vida es que te empoderes, pongas límites y aprendas a respetarte vas a tener padres abusivos, que no te respeten y te mal traten. Luego vas a repetir eso a lo largo de toda tu vida. Hasta que un día te canses (mejor dicho, DESPIERTES) y decidas hacer algo con eso.

Decidir es el primer paso

Ahora sí, te cansaste, sufriste, la pasaste mal con esos que te llevaron por delante toda tu vida. De pequeño y adolescente no tuviste opción porque era el momento de tu construcción y eso está a cargo de los adultos. No te quedaba otra que estar en esa situación, no hay mucho poder de elección. Pero llegaste a la adultez y te cansaste de lo vivido. Querés otra cosa para vos. Sabés que tiene que haber otra manera. Entonces empezás a buscar formas, caminos, aprendizajes. Aprendés a comunicarte, aprendés a mirarte, aprendés a respetarte y rodearte de gente que va a hacerlo.

Esto es una lección tras otra con pequeños pasos, con algunos más grandes y algunos para atrás. Entonces ahí la lección se va aprendiendo y empieza a aquietarse y aparece menos veces en tu vida porque ya lo estás aprendiendo.

La experiencia de una consultante

Recuerdo hace varios años, una consultante estaba indignada cuando le dije ésto. Y sí, era entendible. Había tenido padres muy violentos y no quería saber nada de conectar, además de con el dolor natural que tenía por haber sufrido (y mucho), con la responsabilidad de haberlos elegido. Su lección era aprender a respetarse, a poner límites saludables, a detectar cuando era bueno para ella y cuando no. Su aprendizaje también estaba en poder sentir y elegir que a partir de ahora quería que en su vida haya respeto y armonía.

Si podemos verlo de esta forma, entonces es contactar con el lado de que tenemos la responsabilidad y la posibilidad de cambiar eso que no nos gusta. Ya no nos quedamos en “mis padres me hicieron o no me dieron” y en una queja eterna. Claro que dolió lo que vivimos, claro que seguramente nos marcó y nos lastimó. Pero tenemos dos caminos: o seguimos eternamente quejándonos de lo que sucedió o lo aceptamos porque ya no podemos cambiar el pasado y decidimos empezar a construirnos desde hoy y para siempre.

Es una elección y cada uno puede empezar a tomarla.

Nos vemos en la próxima,

Verónica

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