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¿Estás enojada, triste o frustrada porque los demás no te valoran? Si es así, es importante que aprendas a hacerte preguntas potenciadoras y aprender cómo ganar autoestima.

Que no te valoren puede suceder en cualquier ámbito de tu vida: en tu relación de pareja, con tus hijos, con tu ámbito laboral, o con tu familia de origen. En realidad, dá igual. Lo que sabemos es que causa mucho dolor y no nos sentimos felices cuando no conseguimos reconocimiento.

Pero esto es algo que bien puede trabajarse desde una misma porque seguir buscando en el afuera puede ser muy engorroso y desalentador. Al final puede ser que nunca consigamos eso que tanto esperamos (¡y necesitamos!).

Pedirle al entorno (a nuestros amigos, pareja, hijos, jefe o quien sea) es muy positivo, esto habla de poder reconocer lo que necesitamos y ser asertivos en conseguirlo. ¿Pero qué sucede cuando el pedido no es escuchado o ninguneado? ¿Vale la pena seguir haciendo un esfuerzo tan grande para terminar agotadas e infelices?

Quiero invitarte a mirarlo de una manera diferente que te ayude a sentirte mucho mejor.

Mirar para atrás

Muchas veces, cuando hablo con alguien, escucho que dicen: “el pasado ya pasó, yo voy para adelante”. Lo que está muy bien. Sin embargo, no mirar para atrás puede dejarnos sin comprender que sucedió y para qué hoy tengo estas actitudes emocionales de sentir que no me valoran. No mirar para atrás también puede significar que prefiero no hacerme cargo de nada y por lo tanto, sigo un poco en yo voy para adelante, en realidad, esquivando lo que hay que resolver.

Mirar para atrás significa poder comprender y luego tomar decisiones y acción. Algunos creen que mirar hacia atrás será revolver lo que no se puede cambiar, todo lo contrario, es cierto que los hechos pasados no pueden cambiarse, pero sí comprenderse para poder optar por algo diferente.

Si estás pidiendo comprensión, escucha, mirada, atención, valoración, respeto o lo que quiera que sea en tu caso podés empezar a mirar un poquito para atrás y ver que algo de esto que estás pidiendo ya lo pedías de pequeña y no estaba. Quizás la nota de la escuela nunca era suficiente, o aunque era suficiente siempre se esperaba más o si llegaba el 10 o el sobresaliente, después de todo era nuestra obligación cumplir con la escuela. Nunca alcanzaba.

Si cuando era pequeña pedía una cierta ropa, juguete, salida o lo que sea y me decían que no, quizás entendí que no era tan valiosa para recibir mis deseos y pedidos.

Entonces, mirar para atrás sólo será para poder comprender un poquito en profundidad y ahora poder decidir.

¿Qué es lo que hoy pido y sufro porque no lo recibo?

¿De qué manera estaba eso presente en mi infancia?

Cuando quedamos atados al dolor

Cuando seguimos pidiendo y pidiendo que el otro tape nuestro agujero emocional, ese que se configuró cuando éramos pequeñas, además de sufrir nos quedamos vacías, expectantes y dolidas. Y además, siempre va a llegar una persona que nos haga vivir esa situación una y otra vez.

Observalo. Tu suegra te hace revivir eso, tu pareja también, uno de tus hijos te lo recuerda cada día, tu jefe que no te entiende, un vecino y el verdulero. ¿Cómo puede ser? Y sí, cada uno de ellos cumple un papel en el engranaje de tu existencia.

A algunos quizás se lo pedimos explícitamente, a otros, no se lo pedimos pero nos sigue molestando que justamente hagan lo contrario.

¿Cómo se parece esta persona a quien no me valoraba, atendía, miraba de pequeña?

Ganar autoestima

Ya nos estamos dando cuenta que todo esto viene de hace mucho tiempo y acá valdría la frase “voy para adelante” porque si me quedo en el barro mucho no voy a poder avanzar.

Por eso, el pasado tiene que servir como trampolín para poder generar lo nuevo, observo, miro, tomo consciencia me hago cargo y tomo decisiones nuevas.

La primer decisión que tengo que tomar es:

¿Quiero salir de este agujero negro?

Estoy segura que acá dijiste que sí, y le vas a tener que agregar la siguiente pregunta

¿Estás dispuesta a hacer las cosas diferentes?

Entonces vas a tener que dejar las excusas de lado, porque al otro no vamos a poder cambiarlo. Quizás el otro lo haga pero por el momento no nos interesa. Tendremos que hacernos la pregunta clave:

¿Estoy dispuesta a darme a mí misma esto que el pido a los demás?

Entonces ahora la flecha que salía para afuera, vuelve para adentro y me reto a mi misma a darme AMOR, ATENCIÓN, MIRADA, ESCUCHA, VALORIZACIÓN, PRIORIDAD.

Hasta tanto no entendamos que cuando pedimos tanto afuera (y además esto aparece a cada paso en nuestra vida) es porque falta adentro, no podremos construir esa autoestima que tanto necesitamos. Porque si sentimos que no nos valoran, es porque nosotras tampoco lo hacemos.

Ojalá este post despierte un poquito más el amor por vos misma y lo que mereces.

Nos vemos en la próxima. Un gran abrazo,

Verónica

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